REGULAR

PELÍCULA / POR NETFLIX

La fórmula es vieja y tiene tantos aciertos como errores. Hollywood “descubre” una nueva figura y la lanza al estrellato lo más rápido posible. Si tiene un poco de carisma, allí la veremos en la mayor cantidad de rodajes posibles. Y parece ser la historia de Camila Mendes, una hija de brasileños nacida en Charlottesville, Virginia, que se transformó en uno de los rostros más reconocidos de ese fenómeno adolescente llamado “Riverdale”. Nadie dudaba de que su rápida fama la llevaría pronto a un protagónico y es lo que sucede con “Mentiras peligrosas”, el último “tanque” de Netflix que no baja de los primeros lugares de los favoritos desde su lanzamiento.

La película, dirigida por un “veterano” como Michael Scott, presume de estar dentro de las consideradas de “suspenso”, pero su trama es tan chata y previsible que el pretendido clima se desvanece tras los primeros minutos cuando, al conocerse a los personajes, resulta evidente cómo terminará todo.

Mendes es Katie Franklin, una cuidadora de ancianos que vive con su marido, Adam (Jessie T. Usher) y que sueña con un futuro mejor en medio de problemas económicos y laborales. Como era previsible, el hombre al que Katie está cuidando fallece repentinamente pero… le deja su casa en el testamento, en un gesto que cuesta entender incluso para la protagonista. La pareja, además, encuentra escondidos más de 100.000 dólares, con los que su presente cambia en un segundo. Adam incluso refuerza su idea de poder vivir sin trabajar, lo que dejó en claro desde el primer momento del film. Pero toda muerte en extrañas circunstancias conlleva una investigación y de una primera mentira se pasa a la otra… Y de ahí el título.

De a poco, Katie va descubriendo que nada es lo que parece y el hallazgo de un cuerpo junto a decenas de diamantes en un altillo de la casa la termina de convencer de que algo no está bien, pero ya no puede volver atrás y debe enfrentar su destino. No puede confiar en nadie, ni en su amado esposo.

A la película no la ayudan ni el guión, ni la música ni las actuaciones y aunque la lista de seguidores se agranda día a día, las críticas que recibió fueron lapidarias y en Rotten Tomatoes pica en punta para ser de lo peor del año. Pero como Netflix basa su apuesta en un público joven, y evidentemente no le va nada mal, puede convertir una película muy floja en un éxito rotundo.